07.08.2026 | 00:26 — CONMEMORACIÓN
Carlos Monzón: el guerrero de la flecha que reinó en el mundo
A 84 años de su nacimiento, San Javier recuerda al mejor peso medio de la historia, nacido entre ranchos de barro y sangre mocoví
Por Tomás E. Saba
El 7 de agosto de 1942, en un rancho de piso de tierra en el extremo sur del barrio La Flecha, nacía Carlos Roque Monzón. Nadie podía imaginar entonces que ese octavo hijo de una familia nómade se convertiría en el mejor boxeador de peso medio de todos los tiempos y que se retiraría invicto del ring tras 14 defensas de la corona mundial.
La historia de los Monzón en San Javier empezó mucho antes de Carlos. Sus padres se conocieron en Saladero Cabal, donde tuvieron a sus tres primeros hijos. Después hicieron escala en Colonia Macías, donde nació otro, y en Colonia Francesa, donde vivieron unos años. Por razones económicas y de subsistencia, cargaron lo poco que tenían en un carro y viajaron dos días hasta llegar a La Flecha, un asentamiento de ranchos de gente muy humilde.
Allí se completó la dinastía. Nacieron Inocencio, Marta Elsa y Alcides. Carlos fue el sexto varón y el octavo en total.
Su paso por la escuela fue tan breve como su infancia en el barrio. Hizo primer grado, segundo y abandonó en tercero. “Luego su papá se lo llevó para Santa Fe capital y no volvieron más”, recuerda Eduardo Arredondo, vecino de metros de donde estuvo el primer hogar de Monzón.
Aquella casa tenía más barro en el piso que un nido de hornero. El techo era de paja, a dos aguas, y las paredes interiores eran lonas que dividían las habitaciones. Hoy, en ese mismo lugar, solo queda un monolito conmemorativo. Poco más.
Pese al poco tiempo que vivió allí, Monzón mantuvo el vínculo. “Monzón siempre se sintió parte de San Javier. Cuando ganó sus primeros dineros, le compró a cada uno de sus hermanos un rastrojerito para que hicieran fletes”, cuenta Arredondo.
San Javier carga también otro peso en su historia. En 1904, cansados de los atropellos del hombre blanco, los indígenas mocovíes protagonizaron aquí el último malón contra los criollos. Terminó en una matanza. Esa sangre guerrera, dicen en el pueblo, corrió también por las venas de Monzón.
Entre ranchos, carencias y un apellido que tuvo que abrirse camino a golpes, nació el hombre que dominó el peso medio durante siete años y se fue del boxeo sin conocer la derrota como campeón. La Flecha lo vio nacer. El mundo lo vio reinar.





