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Opinión

17.07.2026 | 07:02 CRISIS

San Javier debe sincerarse y tomar decisiones urgentes por el conflicto con municipales

La situación llegó al límite y la intendenta reconoció que "no se van a poder seguir pagando los sueldos y prestando servicios a los vecinos con este escenario". El Senador Oscar Dolzani trabaja a la par y hay diálogos con provincia y ASOEM para destrabar la situación. 

Por Pancho Ruifernández

El paro de empleados municipales expone el colapso de un modelo financiero insostenible. Con la coparticipación totalmente licuada por una planta de personal muy grande , la gestión actual se debate entre el auxilio provincial y la urgencia de reformas estructurales que ya no admiten demoras.

El silencio de los motores municipales en las calles de San Javier no es solo el reflejo de un reclamo salarial; es la manifestación visible de una falta de previsibilidad estructural que se venía gestando desde hace muchos años. El paro de los trabajadores de la municipalidad, motivado por la falta de pago de haberes, sacó a la superficie una realidad matemática y política que la Intendente Maribel González calificó sin vueltas: la situación es muy grave y, con los números actuales, no hay una salida viable.

》La radiografía del colapso: números que no cierran

El corazón del problema radica en una estructura de personal que la actual gestión define como un problema  de arrastre imposible de sostener. San Javier tiene una planta multipcada por dos, en comparación con sus vecinos. Tiene el doble de empleados que Romang, que Helvecia, que Alejandra o que Crespo.

 * La masa salarial: Sumando planta permanente que son casi 190, 48 contratados de la gestión anterior, eventuales y cargos políticos, la estructura supera los 250 sueldos.

 * Impacto financiero: Esta masa salarial absorbe la totalidad de los fondos de coparticipación (nacionales y provinciales) y casi el 100% de los ingresos genuinos del municipio.

Aunque a San Javier le corresponden teóricamente cerca de 500 millones de pesos mensuales por coparticipación, el dinero real que ingresa a las arcas locales es drásticamente menor. Al ser tan abultada la nómina de trabajadores, la provincia retiene de forma directa los aportes a IAPOS y a la Caja Jubilatoria, dejando al municipio en una asfixia financiera permanente.

El ahogo es tal que el sindicato ASOEM reconoció la parálisis operativa del municipio. No hay fondos para combustible, tanza para motoguadañas ni insumos básicos como hojas de impresora. El municipio no solo no puede pagar sueldos; ya no puede prestar servicios.

》El vecino en el centro del debate: gobernar para la comunidad

Tanto el senador Oscar Dolzani como la Intendente Maribel González sostienen firmemente que en medio de esta crisis hay que pensar, además, en todos los vecinos. El contribuyente paga sus tasas y espera ver ese esfuerzo reflejado en obras, ripio, iluminación y mejoras en su barrio. Ambos funcionarios coinciden en una premisa fundamental para el futuro de la ciudad: no se puede concebir una municipalidad que trabaje exclusivamente para pagar sueldos, dejando de lado su función primordial que es la de garantizar servicios y desarrollo para toda la comunidad.

》El factor político: recaudación y asimetrías departamentales

El escenario político también expone matices en el frente gobernante. Si bien el senador departamental, Oscar Dolzani, ratificó su total apoyo a la Intendente González, lamentó la demora en los tiempos de reacción.

Dolzani recordó que el cambio prometido a la sociedad implicaba decir la verdad desde el primer minuto y deslizó que quizás, pensando en los costos políticos, se dejó pasar mucho tiempo para tomar el toro por las astas con este problema.

Por otro lado, el senador analizó el contexto económico general y reconoció que es cierto que bajan las partidas porque Nación envía mucho menos dinero a raíz de la caída en la recaudación nacional. Sin embargo, marcó una diferencia sustancial al advertir que este impacto externo, si bien afecta a todos, no está siendo tan grave en las otras localidades del departamento, lo que vuelve a poner la lupa sobre las complicaciones administrativas específicas de la administración central de San Javier.

El propio senador gestionó en diciembre un auxilio de 250 millones de pesos al Gobernador. Sin embargo, ese dinero se destinó casi en su totalidad al pago de salarios y hoy el municipio encuentra serias dificultades para rendir dicha partida. El dato no es menor: hasta que no se apruebe esa rendición, San Javier tiene vedado el acceso a nuevas ayudas económicas no reintegrables.

》El corto plazo vs. la salida de fondo y la posibilidad de intervención

Hoy es viernes, el paro continúa y la incertidumbre social crece. Aunque el desembolso de un adelanto de coparticipación destrabaría momentáneamente el conflicto salarial de este mes, todos los actores coinciden en que el mes que viene se repetirá la misma película.

El horizonte inmediato suma un factor de alarma: la llegada del fenómeno climático El Niño. Sin herramientas, sin recursos operativos y con un municipio en conflicto, la vulnerabilidad de la ciudad ante contingencias climáticas es máxima.

La gravedad del escenario es de tal magnitud que el senador Dolzani fue drástico respecto a las alternativas sobre la mesa: subrayó que no se descarta, en última instancia y si no se logra resolver el problema de fondo, solicitar la intervención de la Municipalidad de San Javier para poder salir de este callejón sin salida.

》El plan de salvataje

Para evitar soluciones extremas, la Intendente González avanza a contrarreloj en dos frentes clave:

 1. Plan de reestructuración: Un rediseño profundo del organigrama y los compromisos contractuales del municipio.

 2. Informe de situación: Una radiografía financiera detallada para presentar ante el Gobierno Provincial con el objetivo de negociar un programa de salvataje financiero integral.

La crisis de San Javier demuestra que los plazos de la política y de las herencias recibidas se agotaron. Para salir del bucle de los paros y la parálisis, la gestión local deberá ejecutar un plan sincero, a largo plazo y con un costo político indudable, pero con la certeza de que ya no queda margen para seguir postergando las decisiones de fondo.

 

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